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AÑO 2008
NÚMERO 4
Vieja
Desde los pliegues
que adornan tu cuello negro,
un perfume me alarmó,
cuando te besé.
Era ese peculiar aroma,
esa colonia natural,
que se adhiere,
esperando la muerte.
Aspiré.
Confirmo: no era el calor,
ni el frio,
sino los años.