

País de Angelamaría Dávila
Si viajas entre nieblas,
si entre espacios de lunas
sueñas,
si entre pájaros y gaviotas playeras
planeas y vuelas,
si entre pelícanos punzas el mar
y atrapas la sardina,
¿será la rosa? ¿será la misma rosa?
¿será tu triste hombro silenciosamente triste,
caído y amarillo?
¿será el rebelde pulso de tu brazo
rebeldemente alzado en las revoluciones
antiguas ya perdidas?
¿será la rosa doblemente la rosa de tus labios
rosa de Yemanyá?
Pero nada respondes en tu silencio callado,
está quieta tu cruz nigeriena,
está callada tu luz muda,
está quieto tu capitel de cristal y telaraña,
tu sol amanecido,
tu cielo de cobalto,
tu piedra mate de las cavernas y las alucinaciones,
tu penumbra casa adentro en tu casa interior.
Ya apuras tu cáliz.
Vibran tus espejos derrocados,
tus ríos tributarios y la canela de basalto
de tus silicios en el solsticio verde
de las irisaciones dormidas,
y van por tus cimarrones arrojados
del reino yoruba
los negros rebeldes, alzados
los colibríes de la aurora
desperezando el tiempo, desesperando el viento
de tu mirada ausente y misteriosa
donde reposa la paloma turca de tu amanecer.
Andas las praderas de la Vía Láctea y en espíritu emerges por el
océano azul de Colobó,
Estás en otro espacio, en otro mundo
ancho y sereno
y tu rose ya no es otra rosa,
porque es otra rosa otra rosa otra rosa,
voz de tu presencia,
piedra de rayo,
silencio,
enigmática, bella Nefertiti de la ciudad nocturna.
Andas las praderas de la Vía Láctea
y en espíritu emerges por el océano azul de Colobó,
Estás en otro espacio, en otro mundo
ancho y sereno
y tu rosa ya no es otra rosa,
porque es otra rosa otra rosa otra rosa,
voz de tu presencia,
piedra de rayo,
silencio,
enigmática, bella Nefertiti de la ciudad nocturna.