
Recado para Andrés Castro Ríos
Para Andrés que no se irá nunca,
y para mis maestros del Grupo Guajana
Yo quise una ventolera para mis barquitos de papel.
Una zarza que abriera llamaradas para los inmortales.
Un puerto para poetas, una lumbre de yagrumos,
quise tanto en esta nada para hablarte, quise un pasado
donde la noche fuese un escriba para el sueño roto.
Pero así es la Poesía;
pasa, ama y se nubla como los tulipanes.
Puede que como los ríos, la corriente se irisa en lunas,
y como el papel, se llevan heridas puras en silencio.
Yo no soy poeta, y te escribo;
te conocí, en el certamen de los caminantes.
Allí estaban Vicente y la felina Angelamaría,
con su puño de lumbreras, y tú, silencioso en un oro ajeno a la pesadilla.
Un sol inconcluso desvelaba la mirada de tus puntos cardinales,
y como Filiberto,
te reinaba un potente sueño de libertadores.
Los poetas nunca se marchan.
El cuerpo termina siendo una palabra a los viajes.
El verdadero poeta, como el amor derrama claridades,
no espera la muerte,
tampoco tú
En los días infinitos de la palabra.
14 de septiembre 2006
