V
El alba dicta sentencias
de lluvia cálida,
mis ojos...
condenados como Tántalo
descansan sobre tu arco
descubriendo enigmas
que nunca podré saborear.
Padre Nuestro
Padre nuestro
que habitas donde mejor te place,
perdona nuestros Toledos
y también nuestros Maderos
pero líbranos
de su podredumbre
y sus macanazos.
Amén.