Mi corazón mendiga un cucubano
Esta noche de sábado
ha llegado cabizbaja y sombría.
Cerca de mí
ese coquí sabiéndose poeta
desgrana su musa
en mi ventana.
Alguien habrá que llore
un recuerdo un olvido.
Mi corazón mendiga un cucubano.
La noche sentada en su silencio
se queda atolondrada.
Espera que mi guitarra
tremole su sal de caracol
porque el azul de los pelícanos
es el camino de la memoria.
El reloj monotona su pretensión de vela
y esta nostalgia
que se me tira encima
como la paloma que regresó.