En los mangles
No viene el destino
atado al papel
ni al pavor ni al trébol.
Lo desando en la idea
de villorrios milenarios
que igualaron la opulencia al fratricidio.
Reniego la daga que ultima al pastor.
El destino no lo llevo en la grupa
como se lleva la muerte irremediable.
Estoy vivo, ¡Albricias!
Estás vivo, ¡Carajo!
Dejemos de ser héroes de pasquín.
No desconozco a la flor cercenada por los vientos
ni el lugar donde abandona su simiente redentora.
Está en el mangle,
medida por la frontera del sol y la noche.
De noche un búho le hace un guiño,
de día el sol la desecha.
En los mangles me vacío y vivo
con esa dualidad pequeña o grande
que entalla la esencia.
Cuando joven vencía el impulso,
la gana que suplanta la razón
y era más honesto.