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Transeúnte Andrés

                    
A todos los guajanas

Flaco, nadie lo imaginara,
esa franca alegría
vibrante de efusiva sonrisa
y buen humor. Al saludo de “poeta”
"más poeta será usted", bromeabas festivo.
La víscera que tiene más versos tuyos
se detuvo y nos dejaste así tan cariacontecidos.
¿Y cómo Andrés? ¿Es que al flaco
se le ocurrió morirse? En efecto,
transeúnte de la niebla,
de golpe se nos fue llevándose
su alta estampa protestaria y aguerrida.
Tus niños aún esperan por su mister
¡cómo amabas a tus pupilos infantes!
aquellos de zonas empobrecidas
por quienes despreciaste cátedras y prebendas.
Quién lo diría, flaco, si una uña
te dolía era la de la lírica,
siempre urdiendo un verso último
tal si fuera el primero.
Que no dijiste adiós, que no
te despediste, pero ¿no estás
acaso en tu rincón de siempre,
en el Café Madrid de la Loíza?
Y oyendo algún bolero,
disfrutando una fría que ahora
nos enfría el corazón y los pies,
toda el alma,
al saber, con dolor, que te has ido.
AÑO 2008                                                                                   NÚMERO 4