AÑO 2008                                                                                  NÚMERO 4
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ÍNDICE
EL OTRO CRISTO

Como un tren enceguecido,
la metralla hace surcos
entre el incienso y la afonía de los ruegos.

Nadie les da pan
ni explicaciones.

Las ánforas del llanto
se han secado,
y otra luna de vidrio
rasga el cristal
en la busca de ojos y de abrazos.

La calle grita sola,
y entre los despojos que muerden,
un maniquí de estopa,
arrastra todavía una bandera.

Pesa un minuto absorto;
y de rodillas,
implora por la paz en la mañana.

En un vagón de esquirlas,
las piedras del silencio se entrechocan.

Un Cristo ciego ha cruzado sus brazos.
ARGENTINA