
OTROS CAMPOS DE BELLEZA ARMADA
Han de llegar otros campos de belleza armada. Perder la respiración
en lo alto del camino. Esperar que vuelva a silbar el pájaro del silencio.
Hacer un mapa sonámbulo que atraviese los páramos del sueño.
Quedarnos en la quietud de la batalla en ese ardor que deja la guerra.
Contar de a pocos las heridas, los denarios, los participios que deja la
saliva ardiente cuando se ha subido la cuesta. Han de llegar con sus
viejos discos de 45 revoluciones por minutos, sus pancartas a contrasol
a contraluna, sus nanas para dormir al hijo que no van a tener. Campos
que ya fueron arrasados por la ventisca, las bombas, los dinosaurios.
Ahí vienen los que tuvieron otro nombre, otra leyenda y pasaron de largo
como una sombra. Son los que se llevaron a Rimbaud en la mochila,
se machacaron la memoria con Vallejo y dejaron el hálito de una mujer
encinta. Vienen de la frontera, del interior, de la selva que ya no es
oscura. Se cuidan del asma, de la nostalgia, de los traidores. Vienen
a pura luz, a tenor de una palabra que los nombra rumbo al misterio.
Vienen con la guitarra, los lugares comunes que hacen la vida y la muerte.
Vienen de cimitarra y con las manos chamuscadas. Otros campos de
belleza armada para entrar despacio con la vida en ristre nos esperan.
Nos esperan.



