Regreso a Canaán

El río de ml infancia corre hacia el Infinito
entre las ceibas de la Creación,
y en su lento fluir
anuncia la plenitud con ardua resistencia.
Solo las aguas se dividen en pos del Nuevo Mundo bajo los designios del
Poder. Solo las islas, separadas, vuelven a la corriente
donde una voz confunde los idiomas
y murmura que estarnos en Sah,
a la sombra de las constelaciones. En la noche sin término.
Mi Padre nombra con serenidad las criaturas boreales:
<
éstos son la Serpiente, el León y el Cordero>.
A pesar del agua que la oculta,
junto a la luz estájaibit.
Lo increado desciende como un pacto,
rio abajo del tiempo que el dios Tchetta destruye.
<<La corriente es eterna>> —escribo en las paredes de Duino o de
de                                                                                        Bierville—
y contemplo mi rostro sobre la piel del rio.
Mi rostro Narciso deforme al amparo del dios.
Cierto que oy hacia la oscuridad
pero, acaso Alguien pudiera remediarlo?
Sabe ml Padre cómo detener la violencia sin límites? Existe alguna puerta
para cruzar,
lejos de la penumbra que a veces nos embarga,
entre cerros de lánguida ceniza?
Rio que matinal atravesaste mi ciudad inocente:
éste es el primer día y, sin embargo, liega la edad última, entrevista en las
páginas de la inmortal Sibila,
sobre los remolinos
que deshizo ml infancia en Canaán.
Este es el primer día,
junto a los algarrobos de ml pueblo
y las piedras no removidas de la orilla,
nube congelada que avanza hacia el principio
donde estuvo el final, la llama apocalíptica.
Ya que todo comienzo es un resumen.
Estamos en Orión.
Mecenas escucha mis epodos
y levanta sus frutos el estío:
<<Beberás en pequeños vasos el vino común
de la Sabina
junto al rio vidente>>.
Nosotros interrumpimos el obrar de los dioses,
escribimos decálogos, para justificar las leyes
y las súplicas,
pero tenernos el Flégeton,
la sombra del perdón siempre a nuestras espaldas.
Estamos en Orión. Arrastramos un área a expensas del diluvio que invade
nuestros cuerpos. Por mi arroyo breve
buscamos el Océano,
los trenes de la infancia salvados del peligro.




                                                                                                                                            CONTINÚA