Entre frutas preferida arde con pulpa amarilla sabroseando a Las Antillas con el oro de su herida. Fruta y árbol nos dan vida con dulce senseribó. Desde aquí a Turiguanó pasando por la manigua a pesar de ser antigua tu boca sabe a mangó.
Ando buscando dulzura por dondequiera que paso en tu alma, en el abrazo que brindas con tu premura. El ruiseñor de ala dura que aplaca mi desespero. Entre la tierra y el cielo todo me sabe a delicia tu cuerpo a miel que se inicia tus besos a caramelo.
Un dulce no hay quien le amargue en esta vida tan fiera. Dulce es tu mano sincera y de la intriga distante. Almíbar poder amarte sin que al destino preguntes. Cuando en la estrella te luces nunca pienso en alejarme más bien te dejo atraparme ¡y a mí que me gusta el dulce!
Desvivido me encontraste torcido por la locura. En la desembocadura de tu alegría fundaste un motivo para amarte y una canción bajo el cielo. Aunque morirme no quiero ni deshacerme en pedazos, me estrello contra tus brazos ¡y besándote me muero!