GUAJANA
 Año 2007                                                                                                                          Número 3

WENCESLAO SERRA DELIZ    

En el primer viaje que hicimos un grupo de escritores a La Ha-
bana, invitados por Casa de las Américas, donde lo perdimos de
vista.  Leyendo su poema épico-lírico sobre Adolfina Villanueva  
-mujer pobre asesinada por la policía mientras defendía su hogar
ancestral en una villa pesquera- con voz portentosa y gallardía de
hacendado patriota cialeño.  Leyendo poesía con su compueblano
y maestro de todos, Juan Antonio Corretjer.  Sus gestiones,
demandantes a veces, para obtener los fondos necesarios para
financiar los proyectos impostergables en que se envolvía.

El joven poeta cierra su participación con un poema que
acompaña con la guitarra.  Otro, de la región central de Aibonito,
lee un texto apocalíptico.  Pienso en las flores anuales de su
hermoso pueblo fresco y amable.  

Sin embargo, todas esas evocaciones no pudieron conjurar ni
evitar el inmenso desvelo y el efecto de la fuerza gravitacional
y absoluta de la luz de la luna que me acecharon febrilmente
durante toda esa noche de cristales amarillos y  recuerdos
amontonados.


3/nov./2001
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