En el primer viaje que hicimos un grupo de escritores a La Ha- bana, invitados por Casa de las Américas, donde lo perdimos de vista. Leyendo su poema épico-lírico sobre Adolfina Villanueva -mujer pobre asesinada por la policía mientras defendía su hogar ancestral en una villa pesquera- con voz portentosa y gallardía de hacendado patriota cialeño. Leyendo poesía con su compueblano y maestro de todos, Juan Antonio Corretjer. Sus gestiones, demandantes a veces, para obtener los fondos necesarios para financiar los proyectos impostergables en que se envolvía.
El joven poeta cierra su participación con un poema que acompaña con la guitarra. Otro, de la región central de Aibonito, lee un texto apocalíptico. Pienso en las flores anuales de su hermoso pueblo fresco y amable.
Sin embargo, todas esas evocaciones no pudieron conjurar ni evitar el inmenso desvelo y el efecto de la fuerza gravitacional y absoluta de la luz de la luna que me acecharon febrilmente durante toda esa noche de cristales amarillos y recuerdos amontonados.