MARCOS RODRÍGUEZ-FRESE
Breve elegía
para Edwin Reyes Berríos
AMIGO, ya sabías —condición del destino:
la vida es pedregosa y afila su puñal.
Perdiste el tanto escaso que tuvieras a mano
y apostaste la vida para poder jugar.
Ahora, al otro lado del aire, solo miro
sorda y oscura sombra que induce a tropezar.
Esa brasa que fulge es el recuerdo, a penas,
y el lábaro elocuente, de tu palabra leal.
De veras, yo pensaba que la luz no ardería
sino por los gozosos que la harían arder,
que, si vieran el rastro dudoso de su origen,
no volverían los pasos hacia otro rosicler.
Ahora sé que la lumbre retorna a su ceniza;
que, como oíste un día, el polvo vuelve a ser;
pero aún no comprendo por qué ya te has marchado
a esparcirte en el viento, para nunca volver.