Hoy lo noté cansado. Con su cansancio amargo como una cruz de hieles. Me pareció más viejo. Hay cansancios que amargan; cansancios que envejecen. Hoy miró angustiado por las cicatrices abiertas de sus ojos. Y vi un grito afilado de coraje romper el manto en luz de su mirada. Lo vi erizarse cristalino en sus pestañas. Lo vi rodar rocío de fuego rostro abajo. Hoy lo noté cansado. Cansado como el árbol que se seca abrazado al comején del sufrimiento. Hastiado de luchar. Negro de soledades. Mártir de la muerte verde en el ara soberbio de sus montes. ¡Con reencarnación de roble! ¡Corazón de flamboyán ensangrentado! Cuántas veces tu carne de raíces se ha quebrado en sangresavia de torturas. Cuántos frutos del ramaje de tu alma, aplastó al viento el huracán del mundo. Cuántos retoños muertos de tus sueños, en oscuras auroras de silencio. ¡Oh padre! Hoy grabé tu amargura en mi conciencia con un machete trémulo de rabia. Hoy bebí de tu savia y comí tus raíces torturadas. Hoy me sentí tu hijo, Padre. ¡Hoy juré tu venganza!