GUAJANA
Año 2007                                                                                                                          Número 3

REYNALDO MARCOS PADUA

Amanecer en la isla

     A Ima y a Camila
Amanece y yo estoy parado
frente a la puerta.
Apunta el sol, tenue, naranja pálido
a las 6:00 a.m. exactas de la mañana;
despierto voy desde las cuatro y treinta
sin nada en la cabeza, y lúcido.
No me duele ni un dedo y ya desayuné.
Me bebí un café flojo  con varias tostadas,
y un un jugo de granada,
incluso pellizqué el queso
con el usual pavor hacia los triglicéridos.

De modo que hoy salió el sol
por el este otra vez;
y los valientes duermen
y duermen los cobardes;
y los valientes (o los que no les queda
más remedio) se han levantado ya.
(¿Alguien ha visto un crimen, alguna infamia,
cierto horrendo accidente? No. Ya habrá
tiempo de eso. El radio lo dirá.
El mar sereno y calmo, no lo veo, pero sé:
Sostiene sus tormentas en su seno.
Sereno y calmo. El mar Atlántico.
Pero en el patio,
algún pájaro imbecil  de cántico ridículo
(al que usualmente odio, detesto y aborrezco)
en el árbol de atrás,  hoy
gana mi simpatía y ya no me parece tan idiota.
El universo, indudablemente, es un reloj
no importa cuanto diga la física cuántica.

Dios creó el universo y lo hizo perfecto.
Todo asciende en la pura armonía. Todo en su sitio
aparentemente. ¡Cómo no!
Dios creó el universo conmigo metido en él.
Y en la camisa tengo una manchita de café
y unos grumos de tostada por el pecho
de los que no me había fijado para nada.
Siento deseos de maldecir, pero bendigo.
Aspiro la mañana en un soplido:
Ya el sol salió.
índice
   41
anterior